Somos diferentes
Antes de llegar a Sudamérica no sabía mucho de la cultura o de la gente latinoamericana. De verdad nunca había conocido a ningúna persona de esta parte del mundo. Nosotros checos somos fríos, no sonriemos mucho cuando estamos solos o en un autobús o algo así y la mayoría de los ciudadanos siempre parece enojada o molesta. Claro, no todos somos así pero igualmente nosotros otros necesitamos un poco de tiempo para sentirnos más cómodos y nos dura más tiempo para hecer unos amigos nuevos. Somos más abiertos que la gente del mundo occidental pero tampoco nos gusta si nos llaman “Europa del este” (digamos que somos “Europa central”). Pero a veces me parece que la gente allá se comporta muy mal sin tener ningún razón para comportarse así.
Por ello me sorprendió muchísimo cómo me trató la gente en Sudamérica. Casi toda la gente siempre parece feliz, sonrie y siempre cuando lo necesitaba me ayudó. Los latinos saben disfrutar la vida mucho mejor que los checos. Para mostrarles que fácil fue para mí hacer un amigo nuevo, quiero contarles un cuento cómo conocí a Fernando. Hay que decir que era más fácil para mí (a pesar de que soy un gringo) porque ya hablaba bastante bien español.
¿Cómo conocí a Fernando?
Salí de Lima en la madrugada y a las nueve de la mañana del día siguiente ya estuve en Montevideo. Encontré una parada de autobús, esperé unos minutos hasta que llegó el autobús y lo subí. Como siempre tenía mi mochila grande, una más pequeña y una bolsa. Era muy difícil e incómodo (no sólo para mí) moverse con todas esas cosas. Había un chico sentando solo en una doblesilla.
Me dijo que me sentara al asiento libre al lado de él. Me preguntó cómo me llamo y yo pregunté a él. Decía que es de Ecuador y tambíen viene de Lima ahora, que está de vacaciones. Pues nos fuimos juntos al centro de Montevideo. Porque ambos estuvimos allá por nuestra primera vez y no conocíamos a nadie, no sabíamos dondé bajar y bajamos mal. Pero tampoco sabíamos que hacer pues primero fuimos a una cafetería a tomar un café. El mesero me sorprendió porque sabía unas palabras checas.
Nos decidimos pasar el día juntos y primero fuimos a mi hostal para dejar las maletas allá. Después compramos un chip y fuimos al apartamento de Eduardo. Fue un día largo y ambos ya estuvimos cansados, entonces compramos unas cervezas y nos disfrutamos el resto del día tomando en una de las ciudades más bonitas de la Sudamérica. Nos despedimos y desde este momento ya no lo he visto.
No sé qué hiciera ese día si no conociera a Eduardo pero por supuesto no me lo disfrutara tanto. Ojalá nos veremos otra vez.


